Los veranos, muchas veces, invitan a volver. Se vuelve al lugar de vacaciones, se vuelve al campo donde los familiares, se busca volver a encontrar una experiencia agradable. Despertar con el canto del gallo, buscar los huevos, corretear los gansos, subirse a los árboles cosechando frutas, en las tardes arrear las ovejas y cerrar la tranca para que queden ahí hasta el otro día. Y así van quedando guardadas historias, anécdotas, trepando en el imaginario y acuñando sentido de pertenencia.
O bien, volver a armar las carpas en la orilla de siempre o en un nuevo lugar escogido, no importa dónde, importa volver a clavar la estaca y adentrarse en la penumbra con el saco de dormir. El olor a humo acompañará junto al cielo de estrellas reviviendo un poco la ancestralidad. Y quizás, la guitarra, aún retumbe con sus cantos improvisados.
Y es así, como de estos ejemplos particulares, podemos pasar a costumbres de la comunidad, que también nos entrelazan.
Febrero es mes de celebración. Puerto Montt se ilumina al conmemorar su aniversario a través de la creatividad y las diversas expresiones culturales que lo habitan. La ciudadanía festeja la continuación de una práctica social que se repite. Esta repetición que puede ir cambiando de formas y colores, siempre convoca a agradecer el lugar de pertenencia o al viajero para descubrir esta particularidad. Hay una idea, hay un valor que se transmite y reúne.
Los letreros abundan en las redes sociales y en los caminos: fechas de ferias, festivales, fiestas costumbristas, carnavales. La identidad como proyecto vivo. Visitable. Busquemos esos anuncios, vayamos en la búsqueda de esas celebraciones llenas de posibilidades. ¿Dónde es la fiesta del Cordero?; ¿dónde se celebra la fiesta del Artesano?, ¿qué día es el Curanto Gigante de Calbuco? Caleta La Arena, Trapén, Isla Maillen, Lenca…Chile, en extendido territorio, celebra. Nuestra región también.
La alegría anticipada saborea ese recuerdo por volver.
El revivir entrelaza, tanto a los que organizan como a los visitantes. Surge lo nuevo y se estampa la permanencia. La identidad reverbera como proyecto colectivo.Y en ocasiones, cuando las circunstancias no lo permiten, la añoranza nos puede instalar en una emoción y podemos regresar en el recuerdo. Volvemos al gorro de lana que compramos en la feria, saboreamos el milcao con su textura particular, a la sandía, a la uva de temporada, al canto, al folklor. Destellan imágenes y nos instalamos en esa emoción en el presente. Entonces, se potencia la conexión fortaleciendo el sentido de pertenencia. Hay algo más grande que nos incorpora. Soy parte de eso. Las semanas puertomontinas, también son mis semanas.
Evocar lo trae el eco, la imaginación despierta la memoria dormida y vuelve a resonar en el presente.Las costumbres de pareja, familiares o de nuestra sociedad, prometen siempre traer algo bueno.
Fabiola Hott, Terapeuta Familiar CETESFAM, Puerto Montt.