8M, Día Internacional de la Mujer

¿Cuánto hemos avanzado y cuánto nos falta por recorrer en materia de igualdad de género?

La lucha por los derechos de las mujeres no nació ayer ni responde a una moda reciente. Es una historia larga, persistente y muchas veces silenciosa. En Chile y en el mundo, mujeres valientes decidieron alzar la voz en sociedades donde el orden patriarcal parecía inamovible. Lejos de aceptar los límites que su época les imponía, desafiaron normas, cuestionaron certezas y abrieron caminos donde antes no los había. Gracias a su convicción y liderazgo, ampliaron los espacios de participación social, política y cultural, sembrando las bases de los derechos y avances en equidad que hoy reconocemos y que aún seguimos construyendo.

Si bien en las últimas décadas se han registrado avances significativos en materia de igualdad de género, la evidencia muestra que una de las brechas más profundas y persistentes continúa siendo la desigual distribución del trabajo doméstico y de cuidados no remunerados. Las mujeres siguen asumiendo, en mayor medida, la responsabilidad del cuidado cotidiano de niños, niñas y adolescentes, de personas mayores y de familiares que requieren apoyo, además de las labores del hogar. Esta carga invisible limita su acceso a empleos formales, oportunidades de desarrollo y espacios de toma de decisiones, contribuyendo a la reproducción de desigualdades estructurales.

De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo, elaborada por el INE y publicada en 2025, en Chile las mujeres destinan, en promedio, más del doble de horas que los hombres a labores domésticas y de cuidados no remunerados. Esta brecha persiste incluso cuando participan activamente en el mercado laboral, configurando una situación de doble carga que incrementa el agobio y dificulta la conciliación entre la vida laboral, personal y familiar.

Esta realidad nacional adquiere características particulares en la Región de Los Lagos. Se trata de un territorio con una importante presencia de zonas rurales, actividades productivas intensivas y dinámicas familiares donde aún persisten roles tradicionales de género. En este contexto, según antecedentes del MinMujery EG, la participación laboral femenina se mantiene por debajo del promedio nacional, situación estrechamente vinculada a la sobrecarga de trabajo doméstico y de cuidados que enfrentan las mujeres.

La desigualdad de género tiene raíces culturales, por lo que su transformación exige cuestionar estereotipos desde las infancias. Las dinámicas familiares pueden cambiar. Normalizar que los padres cuiden, realicen las labores del hogar, participen activamente en la crianza ofrece modelos de convivencia basados en la colaboración y el respeto y es clave para entender que el cuidado no es una responsabilidad exclusiva de las mujeres. Fortalecer la corresponsabilidad permite mejorar el bienestar familiar y potenciar el desarrollo económico.

Mónica Vásquez y Marcia Palma,  Terapeutas Familiares, Cetesfam

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