Vivamos un diciembre con sentido

Diciembre nos da la oportunidad de vivirlo con la vorágine clásica del fin de año o bien como una invitación a detenernos. Este es el mes en que el cansancio del año se hace evidente, todo parece concluir al mismo tiempo: las actividades de los colegios, de las empresas y las despedidas propias de esta fecha. Es un muy buen momento para conectar con la gratitud y los recuerdos de lo vivido, así como con la esperanza de lo que viene .

En el sur de Chile, diciembre nos regala más días de sol, tardes más largas y la opción de empezar a disfrutar las temperaturas del verano. Este contexto nos permite reflexionar respecto del año que pasó, preguntarnos qué aprendimos, qué desafíos enfrentamos, qué vínculos nos sostuvieron, qué decisiones nos hicieron crecer. También es un buen momento para mirar de frente nuestras dificultades y nuestros logros. Cada experiencia deja una huella que nos permite avanzar con mayor claridad y sentido en lo que viene.

Aprovechemos este mes para agradecer lo cotidiano que nos regaló el año, esas pequeñas experiencias que al mirarlas en perspectiva revelan su verdadero valor: una conversación honesta, un gesto amable, un día tranquilo. La gratitud por lo vivido no borra lo difícil, pero sí ilumina lo valioso que también estuvo presente y nos ayuda a equilibrar las experiencias para obtener aprendizajes que nos acompañen hacia adelante.

En estos días finales, también vale la pena reconocer nuestra resiliencia. Aunque el año no haya sido como imaginábamos, seguimos aquí, avanzando y aprendiendo a nuestro propio ritmo. Esa constancia silenciosa también merece ser celebrada.No todo progreso se ve a simple vista, pero cada paso cuenta, incluso los que dimos en medio de la incertidumbre, esta es una manera de revalorizar los aprendizajes y sacar lecciones de vida.

Diciembre pueda convertirse, más que en un cierre, en un recordatorio de que podemos construir vínculos más sanos, tiempos más humanos, espacios donde la vida no sea una carrera sino una experiencia compartida. El sur nos enseña que lo esencial crece despacio, que lo profundo toma tiempo y que la calma también es una forma de avanzar.

Proyectar el año que viene no implica llenarnos de metas imposibles. Se trata más bien de elegir con intención cómo queremos vivir, qué queremos soltar, qué relaciones queremos proyectar y cuidar, qué hábitos queremos dejar atrás. Las grandes transformaciones nacen de decisiones simples sostenidas en el tiempo, la clave está en ponerse metas concretas y alcanzables.

Vivamos este diciembre con sentido, reconociendo nuestro cansancio, agradeciendo lo que nos sostuvo y permitiéndonos soltar aquello que ya cumplió su ciclo. Que sea un cierre sereno que nos abra paso a un comienzo más claro, un puente hacia un año en el que podamos habitarnos con más calma, gratitud y conciencia. Que como familia y comunidad podamos acompañarnos y sostenernos.

Sebastián Uriarte,  Psicólogo clínico  CETESFAM, Puerto Montt.

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