La violencia estructural hacia la mujer sigue siendo una realidad oculta que afecta
profundamente nuestras sociedades. Aún permanecen arraigadas las desigualdades que
perpetúan la discriminación y limitan las oportunidades de millones de mujeres en el mundo.
“La violencia contra las mujeres y las niñas se caracteriza por el uso y abuso de poder y control
en las esferas pública y privada y está intrínsecamente vinculada a los estereotipos de género
que son la causa subyacente de dicha violencia” (Naciones Unidas, 2013).
Se expresa en diferentes contextos sociales, culturales, territoriales y espaciales en que las
mujeres se relacionan cotidianamente. Se extiende a todos los sectores de la sociedad,
pueblos originarios, clase social, niveles de ingreso, cultura, nivel educacional, edad, religión,
orientación sexual, identidad de género. La violencia contra las mujeres se constituye en un
problema social, transversal al conjunto de la población de nuestro país.
En Chile, según cifras del 2022, aproximadamente el 23,3 % de las mujeres fue víctima de
violencia intrafamiliar, una de las formas de violencia más comunes contra la mujer. Una de
cada cuatro mujeres experimentó violencia en su entorno más cercano (MIPP, U. de Chile).
La Violencia de género se da por múltiples factores, siendo uno de los más claros los
estereotipos de género que asignan roles rígidos según el sexo y discriminación en diversos
ámbitos, desde el familiar, educacional hasta el laboral. Pongamos atención a ciertos
estereotipos construidos al interior de la familia. La violencia hacia la mujer puede partir desde
la infancia.
El día internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer, se celebra el 25 de
noviembre en conmemoración del asesinato de las hermanas Mirabal, en República
Dominicana. Ellas se han convertido en un símbolo internacional de la lucha contra la opresión
y la violencia hacia las mujeres.
El enfoque de género se fundamenta en el respeto a los derechos humanos, asegurando que
las mujeres puedan vivir libres de miedo, agresión y opresión, y favorece la resolución de
conflictos de manera pacífica, equitativa y justa. Promueve relaciones basadas en el respeto
mutuo, la comunicación y la cooperación, en lugar del control, la dominación o la explotación.
La no violencia contra la mujer incluye la creación de entornos seguros, tanto en el hogar como
en la sociedad, donde las mujeres puedan desarrollarse plenamente y participar activamente
en todas las áreas de la vida sin temor a sufrir violencia o discriminación.
Es posible superar situaciones de violencia con la cooperación del entorno y de las redes de
apoyo. Lo importante es pedir ayuda. Como sociedad, estamos llamados a trabajar en
conjunto para entregar herramientas que permitan prevenir las violencias de género en
nuestras comunidades. Identificar los valores, estereotipos y prejuicios que sostienen y
reproducen las violencias de género es un paso esencial.
Vania Yunusic Puelma, Terapeuta Familiar