Noviembre, mes de memoria

El mes de noviembre se inicia con el Día de Todos los Santos. La costumbre es llevar flores y recordar a quienes partieron.

Desde cualquier credo que se tenga es bueno detenerse y valorar la importancia de remembrar. Una palabra grande, sólo tres sílabas y una confluencia de voces inagotable en un  solo concepto.

La remembranza es una palabra vasta porque reúne imágenes, hechos o situaciones del pasado. Evoca algo conocido, aprendido, que muchas veces ha quedado dormido: recuerdos, frases, percepciones, emociones.

Traer al presente es poder dar una nueva vida. Que el cuerpo resuene con la emoción del recuerdo, con las historias que nos contaban los abuelos, sus dichos, sus saberes. De esa manera el pasado se vuelve actual. Porque, sin darnos cuenta, el pasado va delante nuestro con las construcciones mentales, los ideales o los sentimientos a los que queremos regresar.

Este continuo vivir conectado nos permite ensancharnos para salir del individualismo, somos parte de un todo. No vamos solos, vamos con nuestra historia construyendo presente junto a esa polifonía.

La memoria muchas veces arropa al corazón.

También es importante pensar en la reciprocidad, que naturalmente se da en las relaciones, ¿qué daba yo a quienes partieron? Hay una vinculación en ambas direcciones, tú me dabas algo, y yo también. ¿Qué fue eso que me hacía sentir grato?, ¿qué me hacías sentir?, ¿qué te daba yo a ti? En las relaciones hay una circularidad permanente y detenerse al qué te di yo, pareciera que es más difícil. Y puede estar en ese encuentro una semilla para un fruto futuro. Volver a intencionar una forma de relación. Entonces, cuando me alegro de redescubrir lo que recibí, y de lo que entregué, puedo comenzar a retribuir en el presente. Dar vida a esas emociones, esos consejos, ese sentido de humor, esa forma de resolver, de dar a quienes hoy día tengo cerca.

La oralidad como las fotografías son registros fundamentales. Relatar lo que nos contaban o lo que vivimos con personas cercanas permite continuar con narrativas a generaciones futuras. Revisar álbumes de fotos se hace tan importante como recuperar esa antigua forma de preservar momentos, rostros, detalles y grandes ampliaciones de días.

Preservar nuestra historia, nuestros vínculos, contribuyen notablemente a nuestra salud mental. La experiencia que se crea a partir de compartir vivencias, experiencias y fotografías, desafía al mundo de la inmediatez, de lo desechable. La expresión de las emociones compartidas con otros o consigo mismo reducen el sentimiento de aislamiento y hacen de pilar en relación al bienestar emocional.

Fabiola Hott, Terapeuta Familiar, CETESFAM

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