Septiembre mes de la Patria, tiempo de celebrar, de reencantarnos con nuestras raíces, cultura, costumbres, sentido de pertenencia y gratitud por el terruño que nos cobija. Vivimos en una región privilegiada, hermosa, donde la naturaleza nos sobrecoge, nutre y acoge a todos.
En un mundo cada vez más acelerado, marcado por la globalización y los constantes cambios culturales, el arraigo y sentido de pertenencia se vuelven esenciales para la salud mental. Sentirse parte de un lugar, de una comunidad, de una historia, tiene un efecto directo y positivo en el bienestar emocional de las personas.
Nuestro terruño es el conjunto de recuerdos, sabores y personas que construyen nuestra identidad. Ahí nacieron nuestras primeras palabras, se moldearon nuestros valores y se tejieron los vínculos más significativos. Esa red afectiva funciona como una base de seguridad emocional, especialmente en los momentos de crisis o incertidumbre.
Cuando una persona siente que pertenece a un lugar, desarrolla un arraigo que fortalece su identidad. Esta conexión con la tierra, la cultura y la comunidad proporciona un sentido de dirección y propósito. Por el contrario, la pérdida de estos lazos puede generar desorientación, ansiedad o sentimientos de soledad, afectando la salud mental.
El arraigo no siempre implica permanecer físicamente en un sitio, va más allá de lo geográfico, tiene que ver con identidad, pertenencia y memoria. Muchas veces, se trata de mantener vivos los vínculos afectivos, los rituales familiares y las tradiciones que nos conectan con nuestras raíces. Cuando estos elementos se preservan, se mitigan los efectos del desarraigo y se promueve el equilibrio emocional.
La familia, en este sentido, cumple un rol esencial. Es el primer espacio donde aprendemos a construir vínculos, a confiar, compartir y sentirnos protegidos. Esta experiencia inicial se traduce en una mayor resiliencia frente a los desafíos de la vida, pues una red de apoyo sólida, basada en el afecto y la comprensión, constituye un factor protector frente a problemas como la depresión, la ansiedad o el estrés.
Cultivar el sentido de pertenencia y gratitud, fortalece nuestro arraigo, nos impulsa a valorar los vínculos y el entorno que nos sostiene, y al mismo tiempo nos ayuda a construir identidad y mantener viva la memoria de lo que somos y de dónde venimos. Esa gratitud y retribución también debe extenderse a la comunidad y hacia el lugar que nos brinda la posibilidad de crecer, desarrollarnos y disfrutar de un entorno único, lleno de belleza, y de recursos naturales, como es nuestra ciudad de Puerto Montt y sus alrededores.
En una época donde todo avanza con prisa, volver a nuestras raíces se convierte en el gesto más profundo y revolucionario de cuidado personal y colectivo. Una invitación especial para celebrar juntos el mes de la Patria.
Karin Hadermann, Terapeuta Familiar de CETESFAM, Puerto Montt.