La invitación para este mes es reflexionar y detenernos en torno a las mujeres madres en su tiempo de puerperio o postnatal. La maternidad, con toda la belleza que conlleva, supone entrar a un nuevo estado. Aquí la mirada estará centrada en abrazar a las mujeres que al dar a luz a una nueva creatura son sorprendidas por un estado anímico ansioso y desolador. De esto se habla poco y es necesario salir de ese silencio. Lo primero es abrirlo, visibilizarlo, tanto a nivel comunitario como a nivel personal. La burla y comentarios o epítetos descalificadores como histérica, nerviosa, alterada, entre otros, no hacen más que promover un mayor mutismo.
El interés está centrado en acoger y permitir sobrellevar este posible estado anímico complejo y desconocido, de una manera más comprensiva, aceptadora, incluso intentando acurrucar, para traer esperanza, consuelo y algo de alivio.
Resulta indispensable tomar conciencia de que se necesita ayuda y pedirla; quizás aquello es lo más difícil, porque se prefiere el encierro, el cuarto oscuro con las cortinas cerradas, cobijando la angustia. No se comprende como de la euforia del nacimiento, de la alegría se cae a la desolación. Sorprende, confunde, se evita. El monólogo es interior. Se buscan certezas en un mundo que se torna irreal, que sofoca. Puede observarse un estado angustioso por la preocupación desmesurada por la propia salud o la de los hijos; sensación de muerte; pensamientos intrusivos, repetitivos y persistentes; incluso, pudiendo llegar a un rechazo hacia el recién nacido.
Ser madre se torna en una inmensidad de ser responsable de un hijo por siempre y de hacerlo bien.
Cada mujer responde de diferentes maneras y en tiempos distintos. Lo importante radica en prestar atención a los propios síntomas y estar alertas a las madres que puedan estar entrando en un estado puerperal cargado de desánimo, ansiedad o cualquier indicador que requiera intervención.
Tomar conciencia y recibir comprensión es el primer abrazo contenedor, descansando en que lo propio también le ocurre y seguirá ocurriendo a otras mujeres madres. Hay un inicio y también un fin, es un tiempo que implica atención terapéutica e incluso, algunas veces, ayuda farmacológica. Nosotros como Cetesfam, tenemos la certeza que podemos acoger y brindar un espacio seguro que permita liberar la carga de angustia y cooperar con un proceso terapéutico.
La acogida, el cariño y la normalización son elementos fundamentales para una pronta y efectiva recuperación. En el marco de la conmemoración de los derechos de las mujeres, es fundamental visibilizar la etapa de puerperio o postnatal y promover un lenguaje empático, respetuoso y comprensivo que garantice el bienestar integral de las mujeres.
Fabiola Hott, Terapeuta Familiar